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Catáfora y anáfora, más fácil... imposible

 

julioiglesiasewordcomunicacion

 

Seguro que esta semana estás hasta el moño (en el caso de que lo tengas) de artículos como este:

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/06/09/catalunya/1433880126_591501.html

El caso es que nos hemos puesto a revisar artículos de prensa y lo que nos encontramos es que han conseguido convertir en noticia una figura retórica que se estudia en todos los temarios de Lengua Española y que conseguido colarse a través de la LODE, LOGSE, LOMCE y demás siglas que han puesto patas arriba, abajo y de lado el sistema educativo en nuestro país.

¿Y si supieras que usas catáforas muy a menudo? Y anáforas, metáforas...

Como siempre, nuestra memoria es selectiva, y lo que para unos es imborrable, para otros pasa sin pena ni gloria. Y me parece normal. ¿Qué voy a decir yo si no sé ni hacer una raíz cuadrada de las fáciles?

Pero vamos al grano:

La anáfora y la catáfora son dos procedimientos de cohesión textual, o sea, que se usan para no tener que repetir palabras innecesariamente.

Los pronombres en posición anafórica o catafórica son aquellos que pueden ir después o antes del nombre al que se refieren. Con un para de ejemplos seguro que te queda claro: 

¿Tiene ventajas contratar a un traductor externo?

 

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La respuesta es SÍ.

Y te vamos a explicar por qué.

 Las empresas exportadoras, bien sea aquellas que empiezan en la andadura de su trayectoria internacional, bien las que están empezando a introducirse en nuevos países, a menudo se plantean esta pregunta. Por supuesto que hay que traducir, porque el objetivo de la empresa es ese mercado y, para alcanzar este objetivo, no se pueden poner barreras, como puede ser una presentación o una documentación en un idioma distinto. Pero, ¿tiene sentido contratar una traducción profesional? ¿Qué nos ofrece un profesional de la traducción? Las razones son muchas, empezando porque no sólo se necesita una traducción; hay que adaptar el texto al mercado y para ello necesitamos un profesional que sepa entender y recrear su mensaje en otro idioma. Pero ahora destacaremos los tres motivos principales:


MEJORA LA COMUNICACIÓN CON TUS CLIENTES

La traducción no solo es pasar unas palabras de un idioma a otro. El objetivo de una traducción es comunicar en un idioma lo mismo que se enuncia en el idioma original, manteniendo el sentido, pero adaptándose a las peculiaridades sociocomunicativas de otro país. A veces, se necesitan otras palabras para que la comunicación con el receptor sea óptima. Y muy a menudo, el tono, las formalidades las expresiones hechas cambian a de una lengua a otra. Los traductores profesionales no traducimos palabras de un idioma a otro, leemos el texto, entendemos su objetivo, vemos a quién va dirigido y lo reescribimos en otro idioma para mantener el mismo mensaje, tono y sentido que el texto original. Y todo esto con el objetivo de que la comunicación de su empresa no tenga barreras.


MEJORA TU IMAGEN DE MARCA

A la hora de captar nuevos clientes con otras nacionalidades y otros idiomas, la traducción permite eliminar las barreras lingüísticas y acercarnos de tú a tú a nuestro cliente potencial. Una traducción hecha por un profesional a su idioma nativo facilita aún más su comprensión, pues estará bien redactado y el lector lo entenderá rápidamente, algo que no pasa cuando la traducción es defectuosa. Un texto bien escrito y bien redactado llega más rápido y mejor al cliente potencial, dando sensación de limpieza, transparencia y preocupación por la comprensión del cliente, así que mejora su imagen de marca.

 

SUPONE UN AHORRO 

Cuando subcontratas la traducción de sus textos a profesionales, tu personal no tendrá que dedicar horas a este trabajo, para el que no siempre están están cualificados, y podrán concentrarse en sus tareas principales. Por ejemplo, tu equipo de ventas podrá centrarse en vender, y tu equipo de diseño, a diseñar, con el consiguiente ahorro para tu empresa. 

Las traducciones profesionales cuestan mucho menos de lo que imaginas. ¿Por qué no nos preguntas? Recibirás tu presupuesto sin compromiso en menos de 24 horas. Te sorprenderás.


Posedición no es igual a traducción "kamikaze"

 

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Esta entrada nace como resultado de una conversación online hace unos días entre varios colegas de profesión. Una de ellas comentaba que había tenido que rechazar un trabajo de posedición porque le habían entregado un dosier de presentación de una campaña directamente traducido a través de Google. Al cliente, que no estaba familiarizado con el mundo de la traducción, alguna mente preclara le había hablado de cómo conseguir un texto profesional de calidad a mitad de precio que una traducción convencional.

¿Cómo acabó la historia? Podríamos decir que bien. Después de la sorpresa inicial por ambas partes, se le explicó al cliente en qué consistía un servicio de posedición, qué requisitos debería cumplir el texto a tratar y por qué, en su caso concreto, necesitaba un traductor "de carne y hueso"

Dependiendo del texto que tengamos, podremos necesitar un servicio u otro. Vamos a intentar aclarar aquí qué podemos esperar de un servicio de posedición.

A grandes rasgos, la posedición es una traducción efectuada por un traductor automático especializado supervisado y corregido posteriormente por un traductor "de carne y hueso". Dentro de esos traductores automáticos, hablamos de programas profesionales, adaptados en muchas ocasiones al tipo de empresa. No entran en esa categoría Google Translate, Babylon, Politraductor ni ninguna plataforma gratuita online. El motivo no es otro que estos traductores anteriormente citados  son máquinas: no piensan (de momento), traducen de forma literal, no entienden de giros idiomáticos y muy a menudo ofrecen errores gramaticales y de sintaxis. Hasta tal punto que el Instituto Cervantes retiró a finales del 2013 su traductor automático online. Digamos que nos facilitan la comprensión del documento, pero este no tiene ni la calidad ni el estilo aceptable para ser publicado o enviado al cliente cuando lo que nos interesa es presentar una imagen cuidada de nuestra empresa o nuestros servicios.  

Si el cliente nos presenta un texto coherente, traducido por una sistema automático profesional, entonces el traductor sí podrá hacer una labor de revisión y corrección rápida y más económica, borrando todo rastro de traducción automática y presentando un texto de una calidad óptima.

Puede usarse en traducciones de material de uso interno, manuales o instrucciones para usuarios, borradores de documentos, diapositivas, dosieres, correos electrónicos, contenidos de páginas web…  Sin embargo, su uso está totalmente desaconsejado en cualquier tipo de material literario, documentos oficiales y trabajos de marketing y publicidad, donde el doble sentido de las palabras y los juegos del lenguaje son parte fundamental. Tanto como explicar a nuestros clientes, que no siempre están familiarizados con este tipo de servicios, qué opción es la que mejor se adapta en cada momento a su necesidad de traducción o corrección. 

Esperamos que esta entrada te haya sido de ayuda. Si es así, nos encantaría que lo compartieras ;)
¡Hasta el próximo post!
 
 
 

Cómo escribir correos electrónicos profesionales

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Desde hace casi una década, los correos electrónicos son el medio de información por excelencia en una oficina, sustituyendo de lejos al teléfono y relegando al fax casi casi al cuarto de los trastos.

A su favor, la inmediatez en la entrega; que el destinatario puede organizar su prorioridad y el momento de lectura y respuesta (eso sería lo deseable, pero todos sabemos que en muchos casos no se cumple). En su contra, que algunos individuos aprovechan las ventajas anteriores para someter a sus destinatarios a un bombardeo de mensajes en toda regla, que, siendo sinceros, no harían si tuviesen que descolgar el teléfono y pensar cómo van a justificar esa llamada a tal hora o sabiendo que la otra persona se encuentra reunida. ¿Te suena familiar?

Partimos de la base de que un correo electrónico laboral, por su rapidez y porque en muchos casos tanto el emisor como el receptor no pueden dedicar mucho tiempo en contestarlo, es más informal que una carta al uso. Como en todo, hay opiniones para todos los gustos. En mi caso, considero que esa inmediatez le puede/debe aportar un toque de frescura, pero a la vez existen unas pautas, con elementos comunes aceptados en todo el mundo, que seguro que nos facilitan las cosas y quién sabe si una mejor respuesta por parte del destinatario.

Empezamos:

1. Pon atención en el "asunto"

Se trata de una parte fundamental del correo. El subject  o asunto es el que garantiza que te lean, te archiven o vayas directo a la papelera. Lo recomendable sería que fuera específico y corto, resumiendo el contenido del interior. Utiliza mayúsculas y minúsculas segun corresponda y acentúalas (las mayúsculas también). Asimismo se recomienda utilizar la opción de respuesta automática al ser leído y la alerta de importancia, siempre y cuando la situación lo necesite. Eso sí, si hacemos uso de esta última opción, no abusemos, ya que haciéndolo conseguiremos el efecto contrario al deseado.

Con la llegada de las tabletas, algunas personas han caído en el hábito de colocar el contenido de su correo electrónico en el renglón del asunto, pensando que es más conveniente para el destinatario. Sin embargo, esta práctica está considerada como signo de brusquedad y descortesía. No caigamos en ello.

Tampoco se puede dejar la línea de asunto vacía. Nadie (o casi) nos va a leer.

2. Usa un saludo atemporal

A menudo, uno de los grandes errores de los mails es que tendemos a saludar como si estuviéramos hablando con la otra parte cara a cara o por teléfono. En un ambiente laboral, no podemos estar seguros de cuándo nos van a leer, responder, o si será de día o de noche. Contrariamente a lo que pudiera parecer, cierta "asepsia" nos ayudará a tener un contacto personalizado, sin evidenciar cuándo se ha enviado el correo. Podemos usar saludos como: "Querido…", "Estimada…" entre otros. Incluso un "Hola, ..." cuando ya tengamos confianza con esa persona está plenamente aceptado.

3. El cuerpo del mail 

Evita los textos demasiado largos. Tu tiempo es oro; el de los demás, también. La mayoría de trabajadores reciben una gran cantidad de correos al día y es imposible leer mensajes tan largos, o incluso pueden optar por dejar de leerlos si las primeras líneas no son de su interés. Es importante que te exijas simplificar la información. Todo son ventajas, ya que así tu también ganarás tiempo.

4. La despedida

Aunque tengas prisa (que seguramente la tienes) y el mail sea puro compromiso (o no) demuestra siempre tu profesionalidad y cortesía. Basta con un: "Que tenga(s) un buen día", "Saludos cordiales", "Agradeciendo su/tu atención". Incluso el gris "Saludos" es mejor que nada. 

5. Una firma personalizada siempre da imagen de profesionalidad

Esto te facilitará el trabajo y te ahorrará tiempo, así como dar presentación y cuerpo al mail. Todas las plataformas de correo tienen la opción de firmas personalizadas. Personalmente, me gustan las firmas que incluyen nombre y apellido, puesto y empresa (si incluye el logo, visualmente será más fácil que te recuerden) y detesto las que contienen un exceso de titulitis, que tienden a crear todo lo contrario a empatía con el interlocutor.

6.- Cuida tu ortografía

Esto no es específico de un mail. Todo profesional debe tener cuidado al momento de redactar cualquier documento, correo electrónico, mensaje de texto o estatus en redes sociales. Y siempre, siempre, leerlo dos veces y contar hasta cinco antes de darle al "intro".

7.- Elimina las conversaciones anteriores

Adjunta las conversaciones anteriores solo cuando contengan datos relevantes. En caso contrario, cuando el destinatario ve un texto demasiado largo, tiende a abandonar su lectura cuando las primeras lineas no le resultan interesantes. Una solución intermedia y perfecta para receptores despistados es la de adjuntarles solamente las dos últimas conversaciones. Eso les refrescará la memoria y hará que la conversación avance.

8.- CC y CCO

Mucho cuidado con estas opciones y con enviar información a destinatarios a los que no corresponde. Este último caso puede hacerles perder el tiempo y además meterte en un lío (a todos se nos vienen unos cuantos ejemplos actuales a la cabeza, seguro).

9.- Contesta lo más rápido posible, pero no te conviertas en un esclavo del correo

Los expertos en gestión de tiempo recomiendan tener horarios específicos para contestar los mails. Sin embargo, también recomiendan que las respuestas no se demoren más de 24 horas después de la llegada a nuestra bandeja. Esto sirve para evitar que te reenvíen la información, con lo cual acumulas más correo sin leer o que haya incertidumbre en la persona que lo envió. Si no tienes tiempo para contestar, con un "O.K", "Enterado" o "Recibido" es suficiente y señálalo como pendiente. Posteriormente ya tendrás la oportunidad de filtrar por importancia y responder con más detalle.

10.- Si es urgente, confirma su llegada con una llamada

Hay ocasiones que las respuestas no pueden esperar más de unos pocos minutos, o correos que contienen información importante que conviene asegurar. En estos casos se recomienda hacer una llamada unos minutos después de haber enviado el correo. Así sabrás si llegó adecuadamente y también alertarás a la persona de que la información es importante y urgente.

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11.- Aprende a utilizar tu correo

Es importante conocer todas las herramientas con las que cuenta tu correo electrónico. De este modo podrás gestionar agendas de manera conjunta con tus contactos, activar alertas sonoras para recordar correos importantes, usar respuestas automatizadas para cuando estás fuera de la oficina o reunido, información compartida ... 

12.- Mantén siempre limpia tu bandeja de entrada

No hay nada más descorazonador que encender el ordenador al empezar la jornada laboral y ver una bandeja de entrada llena con nuevos mensajes, pero también con mensajes sin leer de días, incluso semanas anteriores. Si eres un pelín desastre (tranquilo, tiene arreglo, pero es posible que antes te cueste un lío) puedes estar perdiéndote información importante. Ponte con ello lo antes posible. Verás que lleva menos tiempo del que parece y la mayoría acabarán en la papelera por intrascendentes, pero ya estarás al día.

 

Evita los siguientes errores… 

Emoticonos. Los correos en la empresa deben ser formales. Evita caritas felices al final o al principio a no ser que ya tengas una relación de confianza con la otra parte. Prohibidísimo usar el emoticono con cara agotada o de mal humor ;). 

Mayúsculas. Escribe usando mayúsculas y minúsculas. Todo el mundo sabe que los textos íntegros en mayúscula equivalen a gritar, pero aun así, todavía hay quien lo hace de forma rutinaria. 

Enviado desde... Móviles, tabletas y demás traen consigo una firma establecida que suele indicar: "Enviado desde mi iPhone", "Enviado desde mi Samsung Galaxy", "Enviado desde mi oficina Blackberry", etc. Hay quién considera esas firmas un signo de esnobismo o pose, así que mejor, no las uses.

Evita contestar enfadado. El  estado de ánimo se transmite hasta en un correo electrónico mediante frases cortas, falta de saludo o despedida y otras señales perceptibles. Evita contestar cuando estés molesto, ya que esto podría perjudicar en conversaciones futuras. Siempre nos quedará respirar profundo, concentrarnos unos instantes en una idea agradable y volver a la carga. Algunos dicen que funciona.

No usar la cuenta de correo profesional para comentar asuntos personales. Parece obvio, pero, por si acaso, ahí queda. Así nos aseguraremos de que, independientemente de que las leyes sobre la privacidad cambien, nunca podrán utilizar nuestros correos en nuestra contra.

¿Se te ocurren más consejos para mejorar los correos profesionales? Estaremos encantados de que los compartas con nosostros.

 

¿Y si uso un traductor automático para mi página web?

 

Has llegado a un punto en el que necesitas que tu página web llegue a un mayor número de clientes y darte a conocer más allá de tus fronteras. Necesitas traducir tu página.

Muchos, te lo aseguro, te dirán que uses un traductor automático. Porque es gratis y rápido. Más que rápido... inmediato.

Pues es cierto: usar un traductor automático para traducir tu página web es una opción rápida y barata. Casi todos los portales proporcionan este servicio de forma gratuita, e incluso en algunos casos cuentan con un servicio premium que ofrece resultados de mayor calidad a un precio muy económico. Además, algunos navegadores como el omnipresente Google Chrome, ofrecen una opción de traducción automática que detecta cuándo una página está escrita en un idioma diferente al que tenemos predefinido y nos pregunta si deseamos traducirla a nuestra lengua.

Esta opción es útil en el caso de textos privados. Te permite conocer a grandes rasgos la información contenida en esa página y responde siempre al "mejor esto que nada".

Pero si estamos hablando de la página web de tu empresa, debes tener en cuenta otros factores. El primero, y más importante, es que esa web será tu carta de presentación ante tus futuros clientes online.

Si decides usar un traductor en línea o instalar plugins de traducción automática, tendrás a tu favor el bajo coste y la inmediatez en el resultado. Esto se consigue, no mediante un ejército de políglotas encerrados 24 horas en un sótano de algún páis remoto, como pueden pensar algunos :), sino a través de un software. Así que la principal desventaja que encontrarás es que resultará un texto sin un estilo concreto, con errores de concordancia en el género o el número, los tiempos verbales mal ajustados y errores de expresión. Olvídate también de cualquier frase hecha o expresión coloquial; serán traducidas de forma literal y hará que nos encontremos cosas como estas: 

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Pero si lo que deseas es un servicio adaptado a tus necesitades, que te garantice un texto coherente, ajustado a las normas lingüísticas y con el que puedas llegar a tus clientes de forma impecable, entonces, necesitas un traductor autónomo o una agencia de comunicación como Eword que cuente con traductores especialistas en diversas materias. Por supuesto, este servicio tiene un precio, muchas veces por debajo del que imaginas, pero es importante tener claro qué es lo que deseas para crecer antes de tomar una decisión a la ligera.

Porque nunca nos cansaremos de decir que en el marketing aplicado a la lengua, la forma cuenta, y mucho.

 

¿Por qué contratar a un corrector ortográfico o de estilo?

 

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¿No tienes claro qué es un corrector? No me extraña y me parece completamente normal.

Antes que nada, pido disculpas a aquellos y aquellas que hayáis entrado aquí buscando información sobre correctores de maquillaje ;). A mí también me interesan esos temas, pero en este blog no hablo de ellos.

A medida que vas contestando a las preguntas de amigos, conocidos y clientes, una va comprendiendo las principales dudas en cuanto a la existencia de este oficio. Las editoriales lo tienen claro y normalmente, saben lo que quieren. Sin embargo, en el caso de las pymes y los clientes particulares suele haber dudas  respecto a cuestiones que pueden parecer elementales, pero que no lo son. 

Por ello, aprovechando que inauguramos el blog, se nos ha ocurrido que podríamos dedicar esta primera entrada a responder unas cuantas preguntas habituales que, esperamos, también sirvan para que podáis conocer un poco mejor una de nuestras facetas.

Contrariamente a lo que se puede pensar, hasta hace unos cuantos años, eran pocos los que dudaban del trabajo de un corrector ortotipográfico o de estilo (a partir de ahora “corrector”). Seguramente no conocían la palabra concreta, pero sí que la mayoría de los textos que se publicaban, pasaban por “alguien” que eliminaba las faltas de ortografía y daba los últimos retoques al texto. No obstante, de unos años para acá, el mundo está lleno de gente que parece pensar que nuestra labor no tiene sentido y que somos perfectamente sustituibles por un programa de ordenador o una aplicación para el móvil. La crisis económica tampoco ayuda; el mundo editorial ha empezado por recortar en este sector y así, en la mayor parte de la prensa que leemos cada día, en las pequeñas editoriales, libros autopublicados o incluso en titulares de la televisión o la publicidad, pueden verse más faltas de ortografía que nunca. Las informalidad que parece que concede cualquier conversación escrita vía móvil, sea quien sea nuestro interlocutor, han convertido las faltas de ortografía y la mala redacción en algo tan habitual, que lo que ahora nos llama la atención es un wasap bien redactado (y ojo, esto no quiere decir ser pedante, no nos vayamos a los extremos ;)).

 

¿Por qué necesito que alguien me corrija la ortografía teniendo Word o un montón de aplicaciones maravillosas?

La respuesta es bastante sencilla: “porque un procesador de texto, como máquina que es, no piensa”. Los ordenadores pueden comprender qué es la normativa o la gramática , pero no la intención comunicativa. 

Por ejemplo, es habitual que aparezcan errores con el uso de la tilde diacrítica (esa que sirve para diferenciar palabras que se escriben igual, pero tienen significados distintos). La mayoría de los correctores automáticos no saben diferenciar entre dos tildes diacríticas, debido a que las dos palabras pueden tener coherencia en una frase concreta. Por el momento, hay miles de vacíos insalvables, que necesitan de un ser humano para darle calidad y coherencia al texto. Esta es la principal razón para contratar a un corrector.

 

Escribo genial. No cometo faltas de ortografía, ¿por qué necesito  un corrector?

Pues te felicito. Y aunque no lo creas, eres un valor en alza. Aun así, seguramente habrá momentos en tu vida laboral o personal que necesites un corrector. Dejando claro que nadie es perfecto, es cierto que “cuatro ojos ven más que dos”, y en el caso de documentos, escritos literarios, dosieres de empresa, publicidad, presentaciones, trabajos de fin de carrera… esfuerzo, en definitiva, del que esperas obtener algo. En este caso, una presentación cuidada y limpia de errores es fundamental y, en muchos casos, lo que te diferenciará del resto.

Incluso para las personas con una ortografía privilegiada no es lo mismo un texto privado (otro día, si os parece, hablaremos de lo fácil que resulta escribir bien un mail, según sea formal o informal y cómo mola recibirlo) que algo público, que permanecerá en el tiempo. Es por eso que hasta los más afamados escritores siempre acuden a un corrector (generalmente el mismo) para que corrija y pula su obra, eso sí, respetando siempre las directrices del autor.

Evitamos así que en el trabajo final aparezcan errores de coherencia, palabras homófonas, parónimos, etcétera. Porque de lo que se trata, al fin y al cabo, es de dotar al texto de un nivel de comunicación eficiente, para que llegue a su destinatario en óptimas condiciones y consigamos con él lo que pretendemos.

 

Aun así, voy a seguir utilizando el traductor de Google o un corrector como el de Signum…

Me parece muy bien. Son herramientas fantásticas, como muchas otras que los correctores y traductores también utilizamos en casos concretos, pero recordad que no van a trabajar por vosotros y tienen desventajas importantes que conviene tener en cuenta.

Y ahora sí. Ahora es cuando me toca a mí ir a echarme un poquito de corrector y unos polvos iluminadores.

Gracias a los que habéis leído hasta aquí.  !Hasta el próximo post!

 

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