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Diferencias entre la corrección de estilo y la ortotipográfica

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Si ya existe cierta confusión en cuanto a qué es lo que hace realmente uncorrector profesional, en el momento en que hablamos de corrección ortotipográfica y de estilo, a menudo nos encontramos con una especie de totum revolutum que, si bien en el caso de los profanos es algo perfectamente comprensible, para el autor de una obra y para cualquiera involucrado en un servicio editorial es totalmente imprescindible. Ambas especialidades forman parte del asesoramiento lingüístico que finalizará con la edición y publicación de una obra. Sin embargo, cada una de estas correcciones posee unas características propias que vamos a intentar explicar con detalle en esta entrada.

La corrección ortotipográfica:

  • Corrige los errores ortográficos y de puntuación.
  • Garantiza que la ortografía cumpla las normas de la RAE (2010), como el uso de mayúsculas, abreviaturas, faltas de ortografía, tildes, escritura de cifras, magnitudes y sus símbolos...
  • Comprueba y corrige (si es necesario) los recursos tipográficos utilizados: cursivas, comillas, negritas, versalitas, topos, numeración...
  • Unifica criterios en aquellas cuestiones no sujetas a normativa (como el uso de negrita, cursiva y comillas).
  • Cuando la corrección se realice sobre el texto ya maquetado para versión impresa (compaginadas), detectará viudas y huérfanas (no, no nos hemos vuelto locos, seguimos hablando de la corrección), repetición de sílabas en líneas consecutivas y palabras mal partidas; asimismo, señalar errores en el tratamiento de blancos, márgenes, líneas cortas, filetes  y foliación.

La corrección de estilo:

  • Elimina los errores y las imprecisiones de vocabulario.
  • Elimina muletillas (¿vale?), vicios léxicos y aumenta la riqueza léxica. 
  • Corrige los errores gramaticales y ajusta el texto a las normas y a los usos asentados.
  • Resuelve las inconsistencias sintácticas (concordancia, adecuación de los tiempos verbales, el uso correcto de las preposiciones...) y da mayor fluidez y adecuación al texto mediante la elección de recursos sintácticos acordes a él (conectores, subordinadas, eliminación de pleonasmos....).
  • Si tenemos la suerte de tener un libro de estilo, adecúa el texto a sus directrices.
  • Consigue que el texto suene auténtico en su lengua y que sea comprensible para el lector al que va destinado (no es lo mismo un lector de España que uno de México o Colombia, por ejemplo). 

La elaboración de otros aspectos, como el índice y la paginación, pueden realizarse bien en un tipo de corrección o en el otro, dependiendo del acuerdo al que hayan llegado autor/editor con el corrector.

Es importante señalar, que aunque la corrección realiza cambios en una obra, el corrector nunca cambia el estilo personal del autor y siempre debe respetarle y consultarle. Se trata, pues, de una labor en complicidad con el autor, a veces mal entendida y poco agradecida, que hace que algunos escritores, por desconocimiento, vean al corrector de estilo con pavor y temen que vaya a llevarse su impronta personal, cuando no hay nada más lejos de la realidad.

La corrección ortotipográfica de un texto es una fase imprescindible si se desea publicar un texto, mientras que la corrección de estilo no es imprescindible pero sí recomendable.  No obstante, si por causas económicas, solo podemos permitirnos una, será siempre la ortotipográfica. Un lector no siempre recordará la editorial o el título de un libro, pero siempre recordará al autor, por lo que es responsabilidad suya (y de la editorial, en el caso de que la tenga), ofrecer un producto con un buen acabado.

A la hora de solicitar un presupuesto para cualquiera de las dos correcciones, necesitamos conocer el número de matrices. Es decir, la cantidad de caracteres con espacios del texto (se cuentan "letras", pero también puntuaciones y espacios entre palabra y palabra). El número de matrices se divide en miles y las tarifas suelen referirse a X € por 1000 matrices. La cantidad resultante es la tarifa completa por corregir una obra. A esa cantidad, habrá que añadir el IVA (Hacienda somos todos, ¡yeah!) y aplicar la retención correspondiente (que resta euros de la factura). Debido a la mayor complejidad de la corrección de estilo, su tarifa es más elevada que la de la ortotipográfica.

La profesional que realiza la corrección ortotipográfica debe ser otro distinto al que realiza la corrección de estilo. ¿Por qué? Pues sencillamente porque seguimos siendo seres humanos (de momento el único cíborg reconocido es este) y cuatro ojos ven más que dos, eliminando de esta forma cualquier errata rebelde que se pudiese haber colado. Lo ideal es realizar una corrección ortotipográfica con el texto ya maquetado; así se comprueba que no se hayan realizado movimientos de texto involuntarios, en cuyo caso son rápidamente subsanados. Como autor, mereces que tu nombre se asocie a una obra, cuanto menos, bien corregida. Como lector, mereces, independientemente del formato, no tener que distraerte cazando erratas o errores gramaticales.

Porque al final, como en muchas cosas de la vida, se trata de disfrutar; unos, creando y otros, sumergiéndonos en las vidas imaginarias que nos proporcionan los primeros.

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