Verbos dicendi, declarativos o de habla. Cómo mejorar tus diálogos (I)

Uno de los recursos más fáciles y agradecidos para enriquecer el vocabulario y elevar la calidad de una obra es el  empleo de los llamados verbos dicendi, también llamados de habla, de comunicación o declarativos. 

Son verbos que designan creencias,  reflexiones o emocione, entre otras,  y tienen un valor comunicativo. Pueden utilizarse en dos estilos:

Estilo directo:  —¡Os voy a tirar por la ventana! —soltó de pronto Pedro.

Estilo indirecto: Pedro soltó de pronto que los iba a tirar por la ventana. contar

 Así, empezaremos a utilizar con mesura los verbos «decir» y «contar» y con ello obtendremos diálogos más ricos, más dinámicos y menos aburridos. La tabla que te mostramos a continuación es una amplia selección de verbos dicendi (hay muchos más) que puedes ir incorporando poco a poco a tus diálogos. Es posible que al principio te cueste un poquito, pero en poco tiempo verás cómo surgen de forma natural.

 

 

 

Abordar

Abroncar

Acentuar

Acertar a decir

Aclarar

Aconsejar

Acordar

Acreditar

Acusar

Admirar (se)

Admitir

Adular

Advertir

Afirmar

Agregar

Alardear

Alegar

Alegrar (se)

Alentar

Alertar

Aludir

Amenazar

Amenizar

Amonestar

Analizar

Animar (se)

Anotar

Anunciar

Añadir

Apostar

Apoyar

Apuntar

Apuntar

Argüir

Argumentar

Arremeter

Arriesgar

Asegurar

Asentir

Aseverar

Asustar (se)

Atacar

Atestiguar

Atribuir

Augurar

Aventurar

Avisar

Balbucear

Balbucir

Barruntar

Berrear

Bramar

Bromear

Burlar (se)

Calcular

Censurar

Chillar

Chismorrear

Citar

Clamar

Clasificar

Coincidir

Comentar

Comparar

Comprobar

Comprometer (se)

Comunicar

Concertar

Concluir

Concretar

Condenar

Confesar

Confiar

Confirmar

Confundir (se)

Congratular (se)

Conjeturar

Conjurar

Considerar

Consolar (se)

Constatar

Contabilizar

Contar

Contemporizar

Contestar

Continuar

Contraatacar

Contradecir

Convenir

Corregir

Corroborar

Cortar

Cortejar

Cotillear

Criticar

Cuchichear

Cuestionar (se)

Darse cuenta

Debatir

Decepcionar (se)

Decir

Declarar (se)

Decretar

Defender (se)

Definir (se)

Deletrear

Demandar

Demostrar

Denunciar

Desafiar

Desarmar (se)

Descartar

Desconfiar

Describir

Descubrir

Desdeñar

Desesperar (se)

Desfogarse

Desgañitarse

Desistir

Desmentir

Destacar

Desvelar

Detallar

Determinar

Devolver

Diagnosticar

Discordar

Disculpar (se)

Discurrir

Discutir

Disentir

Disparar

Distinguir

Divertir (se)

Ejemplificar

Elogiar

Emocionar (se)

Enfadar (se)

Enfatizar

Enfurecer (se)

Engañar

Engatusar

Enjuiciar

Enmendar

Enojar (se)

Enorgullecer (se)

Entender

Entonar

Entusiasmar (se)

Enumerar

Escandalizar(se)

Esclarecer

Escupir

Espantar (se)

Especificar

Espetar

Esquivar (se)

Establecer

Estallar

Estimar

Estipular

Evidenciar

Exagerar

Exclamar

Exhortar

Exigir

Explanar

Explicar

Explicitar

Explotar

Exponer

Expresar (se)

Externar

Exultar

Farfullar

Festejar

Filosofar

Finalizar

Fingir

Formular

Fulminar

Garantizar

Gemir

Gritar

Gruñir

Hablar

Hacer notar

Halagar

Hiperbolizar

Historiar

Identificar (se)

Ilustrar

Imaginar

Implorar

Importunar

Improvisar

Incentivar

Incitar

Increpar

Indagar

Indicar

Indignar (se)

Informar

Insinuar

Insistir en (que)

Insultar

Interpretar

Interrogar

Interrumpir

Intervenir

Intuir

Inventar

Ironizar

Irritar (se)

Jurar

Justificar (se)

Lamentar(se)

Lanzar

Limitar (se) a decir

Lisonjear

Llamar

Llamar la atención

Machacar

Manifestar (se)

Maravillar (se)

Mascullar

Matizar

Meditar

Mencionar

Mentalizar (se)

Mentir

Minimizar

Mofar (se)

Mostrar (se)

Murmurar

Musitar

Narrar

Negar

Nombrar

Notar

Notificar

Objetar

Observar

Opinar

Oponer (se)

Ordenar

Parafrasear

Pedir

Pensar

Percatar (se)

Piropear

Planear

Platicar

Ponderar

Precisar

Preconizar

Predecir

Pregonar

Preguntar (se)

Preocupar(se)

Prevenir

Prever

Proclamar

Profetizar

Prometer

Pronosticar

Pronunciar

Proponer

Propugnar

Proseguir

Protestar

Provocar

Puntualizar

Quejar (se)

Querer decir

Ratificar

Razonar

Reafirmar

Rebatir

Rebotar (se)

Recalcar

Recetar

Reclamar

Recomendar

Recomponer (se)

Reconocer

Recordar

Reflexionar

Reforzar

Refunfuñar

Regañar

Registrar

Regocijar (se)

Reiterar

Relacionar

Relatar

Relativizar

Rememorar

Reñir

Repetir

Replicar

Reprender

Reprobar

Reprochar

Resaltar

Resignar (se)

Resistir (se)

Resollar

Resolver

Resoplar

Responder

Responsabilizar (se)

Resumir

Retar

Retomar

Revelar

Rezongar

Rogar

Rugir

Seguir

Sentenciar

Señalar

Sermonear

Simplificar

Sintetizar

Sisear

Solicitar

Sollozar

Soltar

Sostener (que)

Subrayar

Sugerir

Suplicar

Suponer

Suspirar

Sustentar

Susurrar

Tartajear

Tartamudear

Temer

Teorizar

Terciar

Terminar

Testimoniar

Titubear

Transmitir

Urdir

Vacilar

Vanagloriar (se)

Vaticinar

Vociferar

Verbos dicenci, declarativos o del habla. Ampliando vocabulario

Son los verbos que se usan en sustitución del verbo “decir” en los incisos que el narrador hace en los diálogos para indicar uno o varios de estos tres datos:

.

-Quién emite el mensaje.
-A quién va dirigido.
-La forma en que se emite el mensaje.

.

Según lo que informen de estos tres puntos, en los incisos de nuestros diálogos utilizaremos uno u otro verbo dicendi, por lo que no podemos utilizar siempre el verbo “decir”.

.
Para que los incisos de diálogo no sean tópicos aburridos y no parezca que la narración se para cuando introducimos un diálogo, debemos mencionar qué hacen o sienten los personajes a través del uso variado de los diversos verbos dicendi.

.

Aquí tenéis una lista muy útil de alternativas para el verbo “decir”:

Abordar Abroncar Acentuar Acertar a decir
Aclarar Aconsejar Acordar Acreditar
Acusar Admirar (se) Admitir Adular
Advertir Afirmar Agregar Alardear
Alegar Alegrar (se) Alentar Alertar
Aludir Amenazar Amenizar Amonestar
Analizar Animar (se) Anotar Anunciar
Añadir Apostar Apoyar Apuntar
Apuntar Argüir Argumentar Arremeter
Arriesgar Asegurar Asentir Aseverar
Asustar (se) Atacar Atestiguar Atribuir
Augurar Aventurar Avisar Balbucear
Balbucir Barruntar Berrear Bramar
Bromear Burlar (se) Calcular Censurar
Chillar Chismorrear Citar Clamar
Clasificar Coincidir Comentar Comparar
Comprobar Comprometer (se) Comunicar Concertar
Concluir Concretar Condenar Confesar
Confiar Confirmar Confundir (se) Congratular (se)
Conjeturar Conjurar Considerar Consolar (se)
Constatar Contabilizar Contar Contemporizar
Contestar Continuar Contraatacar Contradecir
Convenir Corregir Corroborar Cortar
Cortejar Cotillear Criticar Cuchichear
Cuestionar (se) Darse cuenta Debatir Decepcionar (se)
Decir Declarar (se) Decretar Defender (se)
Definir (se) Deletrear Demandar Demostrar
Denunciar Desafiar Desarmar (se) Descartar
Desconfiar Describir Descubrir Desdeñar
Desesperar (se) Desfogarse Desgañitarse Desistir
Desmentir Destacar Desvelar Detallar
Determinar Devolver Diagnosticar Discordar
Disculpar (se) Discurrir Discutir Disentir
Disparar Distinguir Divertir (se) Ejemplificar
Elogiar Emocionar (se) Enfadar (se) Enfatizar
Enfurecer (se) Engañar Engatusar Enjuiciar
Enmendar Enojar (se) Enorgullecer (se) Entender
Entonar Entusiasmar (se) Enumerar Escandalizar(se)
Esclarecer Escupir Espantar (se) Especificar
Espetar Esquivar (se) Establecer Estallar
Estimar Estipular Evidenciar Exagerar
Exclamar Exhortar Exigir Explanar
Explicar Explicitar Explotar Exponer
Expresar (se) Externar Exultar Farfullar
Festejar Filosofar Finalizar Fingir
Formular Fulminar Garantizar Gemir
Gritar Gruñir Hablar Hacer notar
Halagar Hiperbolizar Historiar Identificar (se)
Ilustrar Imaginar Implorar Importunar
Improvisar Incentivar Incitar Increpar
Indagar Indicar Indignar (se) Informar
Insinuar Insistir en (que) Insultar Interpretar
Interrogar Interrumpir Intervenir Intuir
Inventar Ironizar Irritar (se) Jurar
Justificar (se) Lamentar(se) Lanzar Limitar (se) a decir
Lisonjear Llamar Llamar la atención Machacar
Manifestar (se) Maravillar (se) Mascullar Matizar
Meditar Mencionar Mentalizar (se) Mentir
Minimizar Mofar (se) Mostrar (se) Murmurar
Musitar Narrar Negar Nombrar
Notar Notificar Objetar Observar
Opinar Oponer (se) Ordenar Parafrasear
Pedir Pensar Percatar (se) Piropear
Planear Platicar Ponderar Precisar
Preconizar Predecir Pregonar Preguntar (se)
Preocupar(se) Prevenir Prever Proclamar
Profetizar Prometer Pronosticar Pronunciar
Proponer Propugnar Proseguir Protestar
Provocar Puntualizar Quejar (se) Querer decir
Ratificar Razonar Reafirmar Rebatir
Rebotar (se) Recalcar Recetar Reclamar
Recomendar Recomponer (se) Reconocer Recordar
Reflexionar Reforzar Refunfuñar Regañar
Registrar Regozijar (se) Reiterar Relacionar
Relatar Relativizar Rememorar Reñir
Repetir Replicar Reprender Reprobar
Reprochar Resaltar Resignar (se) Resistir (se)
Resollar Resolver Resoplar Responder
Responsabilizar (se) Resumir Retar Retomar
Revelar Rezongar Rogar Rugir
Seguir Sentenciar Señalar Sermonear
Simplificar Sintetizar Sisear Solicitar
Sollozar Soltar Sostener (que) Subrayar
Sugerir Suplicar Suponer Suspirar
Sustentar Susurrar Tartajear Tartamudear
Temer Teorizar Terciar Terminar
Testimoniar Titubear Transmitir Urdir
Vacilar Vanagloriar (se) Vaticinar Vociferar

Cuarenta palabras que no llevan tilde y de las que a menudo dudamos

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Algunas veces, las menos, por cambios reconocidos por RAE (la mayoría en 2010) y otras, las más, porque estamos acostumbrados a verlas escritas de forma incorrecta en algunos medios de comunicación y en redes sociales, lo cierto es que hay una serie de palabras que a menudo dudamos acerca de si llevan tilde o no. Que no te confundan, lee este listado un par de veces y averigua si alguna se te había escapado. Tu memoria fotográfica tomará nota y las dudas serán cosa del pasado. Un último detalle: el uso de «acento» en vez de «tilde» es válido.

Acabose y ponme: no llevan tilde por ser llanas y acabadas en vocal.

Altruismo: llana y acabada en vocal, no lleva tilde.

Asimismo: la confusión viene por tratarse de una expresión derivada de así, pero asimismo, al ser llana y acabar en vocal, no lleva acento.

Diferencias entre la corrección de estilo y la ortotipográfica

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Si ya existe cierta confusión en cuanto a qué es lo que hace realmente uncorrector profesional, en el momento en que hablamos de corrección ortotipográfica y de estilo, a menudo nos encontramos con una especie de totum revolutum que, si bien en el caso de los profanos es algo perfectamente comprensible, para el autor de una obra y para cualquiera involucrado en un servicio editorial es totalmente imprescindible. Ambas especialidades forman parte del asesoramiento lingüístico que finalizará con la edición y publicación de una obra. Sin embargo, cada una de estas correcciones posee unas características propias que vamos a intentar explicar con detalle en esta entrada.

La corrección ortotipográfica:

  • Corrige los errores ortográficos y de puntuación.
  • Garantiza que la ortografía cumpla las normas de la RAE (2010), como el uso de mayúsculas, abreviaturas, faltas de ortografía, tildes, escritura de cifras, magnitudes y sus símbolos...
  • Comprueba y corrige (si es necesario) los recursos tipográficos utilizados: cursivas, comillas, negritas, versalitas, topos, numeración...
  • Unifica criterios en aquellas cuestiones no sujetas a normativa (como el uso de negrita, cursiva y comillas).
  • Cuando la corrección se realice sobre el texto ya maquetado para versión impresa (compaginadas), detectará viudas y huérfanas (no, no nos hemos vuelto locos, seguimos hablando de la corrección), repetición de sílabas en líneas consecutivas y palabras mal partidas; asimismo, señalar errores en el tratamiento de blancos, márgenes, líneas cortas, filetes  y foliación.

La corrección de estilo:

  • Elimina los errores y las imprecisiones de vocabulario.
  • Elimina muletillas (¿vale?), vicios léxicos y aumenta la riqueza léxica. 
  • Corrige los errores gramaticales y ajusta el texto a las normas y a los usos asentados.
  • Resuelve las inconsistencias sintácticas (concordancia, adecuación de los tiempos verbales, el uso correcto de las preposiciones...) y da mayor fluidez y adecuación al texto mediante la elección de recursos sintácticos acordes a él (conectores, subordinadas, eliminación de pleonasmos....).
  • Si tenemos la suerte de tener un libro de estilo, adecúa el texto a sus directrices.
  • Consigue que el texto suene auténtico en su lengua y que sea comprensible para el lector al que va destinado (no es lo mismo un lector de España que uno de México o Colombia, por ejemplo). 

La elaboración de otros aspectos, como el índice y la paginación, pueden realizarse bien en un tipo de corrección o en el otro, dependiendo del acuerdo al que hayan llegado autor/editor con el corrector.

Es importante señalar, que aunque la corrección realiza cambios en una obra, el corrector nunca cambia el estilo personal del autor y siempre debe respetarle y consultarle. Se trata, pues, de una labor en complicidad con el autor, a veces mal entendida y poco agradecida, que hace que algunos escritores, por desconocimiento, vean al corrector de estilo con pavor y temen que vaya a llevarse su impronta personal, cuando no hay nada más lejos de la realidad.

La corrección ortotipográfica de un texto es una fase imprescindible si se desea publicar un texto, mientras que la corrección de estilo no es imprescindible pero sí recomendable.  No obstante, si por causas económicas, solo podemos permitirnos una, será siempre la ortotipográfica. Un lector no siempre recordará la editorial o el título de un libro, pero siempre recordará al autor, por lo que es responsabilidad suya (y de la editorial, en el caso de que la tenga), ofrecer un producto con un buen acabado.

A la hora de solicitar un presupuesto para cualquiera de las dos correcciones, necesitamos conocer el número de matrices. Es decir, la cantidad de caracteres con espacios del texto (se cuentan "letras", pero también puntuaciones y espacios entre palabra y palabra). El número de matrices se divide en miles y las tarifas suelen referirse a X € por 1000 matrices. La cantidad resultante es la tarifa completa por corregir una obra. A esa cantidad, habrá que añadir el IVA (Hacienda somos todos, ¡yeah!) y aplicar la retención correspondiente (que resta euros de la factura). Debido a la mayor complejidad de la corrección de estilo, su tarifa es más elevada que la de la ortotipográfica.

La profesional que realiza la corrección ortotipográfica debe ser otro distinto al que realiza la corrección de estilo. ¿Por qué? Pues sencillamente porque seguimos siendo seres humanos (de momento el único cíborg reconocido es este) y cuatro ojos ven más que dos, eliminando de esta forma cualquier errata rebelde que se pudiese haber colado. Lo ideal es realizar una corrección ortotipográfica con el texto ya maquetado; así se comprueba que no se hayan realizado movimientos de texto involuntarios, en cuyo caso son rápidamente subsanados. Como autor, mereces que tu nombre se asocie a una obra, cuanto menos, bien corregida. Como lector, mereces, independientemente del formato, no tener que distraerte cazando erratas o errores gramaticales.

Porque al final, como en muchas cosas de la vida, se trata de disfrutar; unos, creando y otros, sumergiéndonos en las vidas imaginarias que nos proporcionan los primeros.

Claves para la corrección de una tesis doctoral

 

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Si estás escribiendo tu tesis doctoral... ¡Felicidades! 

Jamás he conocido a nadie que no se quejara de que el tiempo se le echaba encima mientras escribía su tesis. Lo que en un principio parecía un mar de tiempo se ha convertido en un suspiro. ¿La culpa? Cierto relax al principio (en algunos casos) pero, sobre todo, la duración y el esfuerzo que suponen los pasos de plantear tu hipótesis, llegar a la síntesis y exponer de forma adecuada las conclusiones. Afortunado además el que no tiene que compaginarlo con una jornada laboral de ocho horas o trabajos interminables de fin de semana.

Los conocimientos en la materia elegida son imprescindibles, por supuesto. Pero hay otros tres aspectos fundamentales a los que no siempre se les presta la debida atención y que, de hecho, pueden marcar la diferencia en la nota final del expediente:

  1. redacción adecuada
  2. coherencia estructural
  3. ortografía perfecta 

Llegados a este punto, debemos plantearnos qué proyecto pretendemos presentar, ver por dónde flaquea y analizar qué es lo que podemos modificar para estar orgulloso de ese ejemplar cuya vida no acaba con su presentación, sino que se convertirá en un texto de consulta y de utilidad para futuras promociones. Suena bien, ¿verdad?

 Antes de corregir una tesis debemos:

  • Tener clara la estructura del texto. Escribir, documentarse, escribir, documentarse... hasta el infinito y más allá.
  • Analizar el contenido.
  • Dejar el texto en "reposo" durante unos días (u horas, si el tiempo apremia) antes de iniciar la corrección. 

La mayoría de los traductores y correctores de texto dejamos "reposar" el documento tras una primera corrección o traducción: este alejamiento de la obra nos permite disociar elementos que habíamos pasado por alto. Es uno de los pasos más importantes de todo escrito que deba ser leído o publicado y que no deberíamos saltarnos nunca. 

A continuación, estudiaremos de la forma más objetiva posible las fortalezas y sobre todo las debilidades del trabajo. Es importante también, que, desde el principio seamos conscientes de la facilidad (o no) que tengamos para hablar en público. Y practicar, practicar y practicar. Existen cinco puntos fundamentales, que son:

1. Analizar nuestras capacidades reales, esfuerzo o asesoramiento

La redacción de la tesis inluye la investigación realizada, su proceso y los resultados obtenidos a través de la tríada de Hegel: hipótesis, antítesis y síntesis. Algunos estudiantes cuentan con una buena capacidad de escritura y unos conocimientos suficientes para estructurar el discurso de forma adecuada y entregar un trabajo pulido y coherente, sin errores de ortografía ni gramática. Si ese no es nuestro caso, no estaría mal ser sensatos y buscar asesoramiento lingüístico de calidad.

2. Seguir unas pautas de corrección sistemáticas 

Una sola lectura nunca es suficiente. Insistimos: en el momento de corregir tu tesis, debes distanciarte de ella. Dedicar tantos días de trabajo a un proyecto supone asumir lo que debería decir un apartado. El problema surge cuando lo que dice no es exactamente lo que tenemos en nuestra cabeza. Es muy habitual tener muy claro un concepto mental, pero después tener problemas para plasmarlo en un papel con la coherencia, estilo y claridad que se desearía. Por ello, si no tomas distancia, el trabajo de corrección será inútil, ya que no verás dónde están los errores. Esta es, posiblemente,  la principal razón para delegar el trabajo de corrección en manos de un profesional, ya que nuestros amigos, conocidos, allegados y demás pueden no querer o no tener los conocimientos necesarios para realizar una lectura profesional. A estas alturas suponemos que ya tienes claro que la última persona a la que deberías pedir una corrección es a un compañero de estudios por razones obvias ;)

3. Organización del tiempo

Factor fundamental que tenemos que controlar. Tenemos dos posiblidadaes:

  • Primero, escribe la tesis y luego dedícate a corregirla. Reserva varios días para esta tarea. Nunca lo hagas de forma apresurada, porque es un momento clave que puede desmerecer lo que hayamos conseguido hasta ahora.
  • Realiza de forma sistemática una revisión tras cada sesión de escritura. Personalmente, me parece la mejor opción. Tienes razón, es un incordio, pero todos los errores que veas durante la redacción te ahorrarán días de trabajo cuando estés llegando al final del camino.

Es importante que elijas la opción que te haga sentir más cómodo, y la apliques de forma sistemática y ordenada, siempre dejando pasar al menos un día (o varias horas si estás muy "pillado) entre revisión y revisión.

4. ¿Dónde corregir la tesis?

Si se te ha pasado por la cabeza la cafetería cuqui de la esquina, no (a no ser que tengas una capacidad de concentración fuera de lo común). Necesitas un sitio silencioso, tranquilo donde puedas leer en voz alta, consultar dudas de carácter ortotipográfico y/o gramatical sin distracciones. Ya lo sé. Suena fatal, pero piensa que solo serán unos días de tu vida y merecerá la pena. Ya lo celebrarás luego.

5. Grábate exponiendo la tesis

Escúchate (o mírate) luego con los ojos/oídos de un examinador. Verás cómo cambia la percepción de tu discurso. Te ayudará a mejorar tus debilidades y sobre todo, te dará seguridad. Y si al final resulta que enamoras a la cámara... ve directo a una escuela de interpretación; tu futuro puede estar en otra parte ;)

6. Valora la opción de un corrector profesional 

Por muy bien que uno escriba, la revisión de un proyecto realizada por un profesional aporta valor a cualquier texto y supone un extra del que es importante saber beneficiarse. Ten en cuenta que un corrector profesional siempre conservará tu estilo personal y consultará todos los cambios y sugerencias contigo. Serás siempre el que tome la última decisión. El texto nunca dejará de ser "tuyo".

Eso sí, la experiencia me ha dejado dos cosas claras:

  • No contrates al más barato, sinceramente. Contrata a un profesional cuya lengua materna sea aquella en la que vas a entregar la tesis. Con el paso del tiempo he comprobado que de bueno, bonito y barato puedes conseguir dos simultáneamente, tres es imposible. No obstante, consulta precios. Ya verás que no es para tanto. 
  • No le pases la patata caliente al corrector. La investigación y la escritura es tu labor; el corrector debe corregir y pulir el texto en cualquier ámbito lingüístico. Dale el trabajo cuando realmente esté finalizado. No añadas ni quites contenido, porque solo conseguirás dificultar su labor, alargar el tiempo y encarecer el trabajo.

Espero que estas pequeñas claves te sean de utilidad. Ya sabes que puedes contribuir con tu opinión, preguntar lo que quieras y si te ha gustado, compartir. 

¡Hasta la próxima entrada!

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